En la copa tienen que servirse pequeñas porciones de vino. Apreciar su color buscando con la copa ligeramente inclinada un fondo blanco, tal como una servilleta. Hacer un movimiento de giro con la copa donde apreciemos la densidad del líquido y cómo resbala sobre el cristal.

Buscaremos aromas acercando la copa a la nariz. En unos casos guardando una cierta distancia desde la boca de la copa a nuestras fosas nasales, produciendo un acercamiento buscando la distancia adecuada, incluso llegando a meter nuestra nariz en la copa, oliendo con las dos fosas nasales o sólo con una. En cada caso percibiremos aromas diferentes, no es lo mismo con la copa parada, o sea sin haber movido el vino, que inmediatamente después de hacerle girar dentro de la copa, que a cierta distancia, que metiendo la nariz y aspirando con las dos fosas nasales que con una dola, o que hacer una aspiración corta pero enérgica, que profunda pero larga.

La entrada en boca debe producirse con pequeños sorbos que nos permitan retener durante unos segundos (unos 10), con pequeños movimientos que hagan que el vino esté en contacto con todas las partes de nuestra boca. Transcurridos estos segundos tragamos el vino, pero aunque el líquido entre de una sola vez, repetiremos el gesto con movimientos de la boca como si chupáramos un caramelo.

Es el momento de la verdad de un vino, es el momento cumbre, no le describo lo que sentirá, pero busque las sensaciones que se producirán entre sus encías y las partes internas, inferior, y superior de sus labios, o entre el carrillo y las encías, seguro que si es un buen vino, le van a gustar.

Acerca del autor de este post, Pedro Gallego

Soy Pedro Gallego, fundador y enológo de Bodega Campos Góticos. A través de este blog quiero compartir contigo mi pasión por el mundo del vino y ayudarte a disfrutar de nuevas experiencias con el vino y la gastronomía.